La mayoría de la gente cree erróneamente que el trabajo de un auxiliar de vuelo se limita a servir bebidas y mantener un ambiente confortable en la cabina. En realidad, los auxiliares de vuelo son profesionales altamente cualificados cuyas acciones impactan directamente en la seguridad de cada vuelo. Su tarea principal es garantizar la evacuación de los pasajeros en situaciones críticas, y para ello, reciben una formación rigurosa: aprenden a abrir salidas de emergencia en segundos, extinguir incendios a bordo, prestar primeros auxilios en caso de infarto y shock anafiláctico, y tranquilizar a pasajeros en pánico.
Cada año, los auxiliares de vuelo se someten a una recertificación, donde practican la evacuación de una aeronave en 90 segundos, el tiempo asignado para la evacuación de todos los pasajeros según las normas internacionales. Deben conocer la ubicación de cada extintor, tanque de oxígeno y baliza de localización de emergencia. En caso de despresurización de la cabina, los auxiliares de vuelo son los primeros en colocarse las máscaras de oxígeno y, posteriormente, se aseguran de que los pasajeros también se las pongan.
Además, reciben formación para reconocer agresiones y amenazas terroristas, aprender a neutralizar a personas problemáticas e interactuar con la tripulación a través del TAS (Sistema de Gestión de Amenazas). También son profesionales sanitarios de primera línea: están capacitados para usar un desfibrilador, realizar compresiones torácicas y detener hemorragias. En promedio, un auxiliar de vuelo se enfrenta a una docena de situaciones que requieren asistencia médica cada año, desde un simple desmayo hasta un parto en pleno vuelo.
Así que la próxima vez que veas a un auxiliar de vuelo sonriente repartiendo zumo, recuerda: esta persona es un profesional de la salud, psicólogo, bombero y enfermero, todo en uno. Lo que pasa es que la mayoría de los pasajeros solo ven la punta del iceberg.