Según la Revisión de las Proyecciones de Población Mundial de 2024, el número de centenarios —personas que viven 100 años o más— se ha duplicado aproximadamente a nivel mundial cada década desde 1950. Además, se espera que su número se quintuplique entre 2022 y 2050.
Este aumento en la esperanza de vida es el resultado de una interacción compleja y multifactorial de varios parámetros, muchos de los cuales aún se desconocen.
Si bien la predisposición genética es un factor importante, el estilo de vida, el entorno y las relaciones sociales también influyen en la esperanza de vida de una persona. Las razones exactas por las que algunas personas alcanzan los 100 años y otras no, siguen siendo en gran medida desconocidas, lo que convierte este tema en un área fascinante para el debate y la investigación.
En última instancia, comprender qué mantiene la longevidad y la calidad de vida en estas personas excepcionales podría indicar el camino para prolongar la buena salud y la longevidad.
Estos estudios no solo nos permiten comprender mejor cómo se desarrolla el proceso de envejecimiento a lo largo de la vida, sino también obtener información sobre cómo promover una longevidad excepcional. En definitiva, identificar los factores que favorecen tanto la esperanza como la calidad de vida en estas personas excepcionales podría conducir al desarrollo de métodos para prolongar la buena salud y la longevidad.
¿Vivir hasta los 100 años? Hallazgos de un estudio sueco pionero
Antes, los centenarios eran personas cuyos cumpleaños se convertían en eventos sociales o incluso en noticia. Incluso hoy en día, alcanzar los 100 años es poco común, y los científicos se han preguntado durante mucho tiempo por qué algunas personas viven mucho más que otras. ¿Es suerte? ¿Genética? ¿Estilo de vida? ¿O una combinación de los tres?
Un estudio sueco ofrece pistas para responder a esta pregunta. Los investigadores accedieron a los historiales médicos de decenas de miles de personas durante varias décadas y quisieron averiguar si los análisis de sangre rutinarios realizados en la mediana edad podían predecir quién llegaría a los 100 años.
Décadas de observación
El estudio incluyó a 44.637 personas del condado de Estocolmo. Estos participantes, nacidos entre 1893 y 1920 (de 64 a 99 años), se sometieron a análisis de sangre rutinarios entre 1985 y 1996. Los investigadores les dieron seguimiento durante un máximo de 35 años, registrando enfermedades, mortalidad y lugar de residencia a través de registros nacionales.
De estos participantes, 1224 alcanzaron los 100 años de edad, y la mayoría, alrededor del 85 %, eran mujeres. Esto no fue sorprendente, ya que las mujeres generalmente viven más que los hombres. Pero los investigadores no se limitaron a contar cumpleaños. También querían averiguar si los marcadores sanguíneos medidos décadas antes podían revelar algo más profundo sobre su longevidad.
Resultó que sí.
Marcadores significativos
El estudio examinó 12 marcadores sanguíneos rutinarios. Entre los parámetros analizados se incluyeron la glucosa y el colesterol total para evaluar la salud metabólica, la creatinina para la función renal, las enzimas hepáticas, como la gamma-glutamil transferasa (GGT), la fosfatasa alcalina (ALP) y la lactato deshidrogenasa (LDH), los niveles de hierro, así como el ácido úrico, que puede ser un indicador de inflamación, y la albúmina, un indicador de la dieta y la ingesta de proteínas.
Los resultados mostraron claramente que los valores extremos, tanto demasiado altos como demasiado bajos, se asociaron con una menor probabilidad de vivir hasta los 100 años.
Como explicó la investigadora Karin Modig en un artículo para Live Science:
«Descubrimos que, en general, quienes vivieron hasta los 100 años tendían a tener niveles más bajos de glucosa, creatinina y ácido úrico a partir de los 60 años. Por ejemplo, muy pocos centenarios presentaban niveles de glucosa superiores a 6,5 o de creatinina superiores a 125 en etapas tempranas de su vida».
Esto sugiere que incluso una pequeña ventaja en la mediana edad, mantenida durante muchos años, puede alterar significativamente la probabilidad de alcanzar una longevidad excepcional.
Colesterol y hierro: la moderación es clave
Las guías clínicas suelen recomendar una reducción drástica del colesterol, pero un estudio sueco reveló algo más sutil. Niveles más altos de colesterol total se asociaron con un ligero aumento en la probabilidad de vivir hasta los 100 años. Los investigadores señalaron que este resultado concuerda con estudios previos que demuestran que el colesterol elevado puede, en algunos casos, ser beneficioso en la vejez.
Los niveles de hierro mostraron un patrón similar. Niveles muy bajos de hierro se asociaron con una menor probabilidad de vivir hasta los 100 años. La conclusión es que los extremos no son lo ideal. Un rango moderado y constante parece ser lo más importante.
La función renal también marcó una diferencia significativa. Quienes vivieron más tiempo tendían a tener riñones más sanos en la mediana edad, lo que permitía a sus cuerpos procesar toxinas y medicamentos, y regular la presión arterial durante décadas. Función hepáticaTambién fue importante, aunque no tan crucial. La inflamación se redujo de forma constante en centenarios y supercentenarios. Una menor inflamación puede contribuir a mantener la resistencia de órganos y tejidos a lo largo del tiempo.
El papel de la genética
Los genes sin duda influyen en la longevidad. Otros estudios revisados junto con el estudio sueco destacan variantes en genes como FOXO3A, que regula la resistencia al estrés y la señalización de la insulina; APOE y PON1, que influyen en la salud cardiovascular y el metabolismo lipídico; y TP53 y P21, que ayudan a controlar los ciclos celulares y protegen contra el daño relacionado con la edad.
El grupo sanguíneo, aunque fijo desde el nacimiento, también puede tener un impacto menor. Ciertos grupos sanguíneos pueden influir ligeramente en el riesgo de enfermedades o en la coagulación sanguínea, pero no determinan si una persona vivirá hasta los 100 años. La historia de la longevidad es mucho más compleja que un solo gen o un solo grupo sanguíneo.
Modig señala: «El estudio no nos permite sacar conclusiones sobre qué factores del estilo de vida o genes son responsables de los valores de los biomarcadores. Sin embargo, es razonable creer que factores como la dieta y el consumo de alcohol influyen. Monitorear las pruebas de función renal y hepática, así como los niveles de glucosa y ácido úrico, a medida que envejecemos, probablemente no sería mala idea».
Añade: «No obstante, es probable que la suerte juegue un papel en alcanzar edades excepcionales. Pero el hecho de que las diferencias en los biomarcadores fueran observables mucho antes de la muerte sugiere que los genes y el estilo de vida también pueden influir».
¿Qué significa esto para ti?
Entonces, ¿qué significa todo esto para nosotros? En resumen: no necesitas resultados de laboratorio perfectos para vivir una vida larga. Tampoco deberías obsesionarte con los números ni buscar extremos. Lo que más importa son los hábitos constantes a lo largo del tiempo.
Los niveles de azúcar en sangre son un ejemplo. Evita los picos constantes provocados por los dulces y las bebidas azucaradas. Consumir alimentos ricos en proteínas, fibra y grasas saludables puede ayudar a mantener la estabilidad. Tus riñones e hígado trabajan arduamente en silencio, así que bebe suficiente agua, toma tus medicamentos con cuidado, limita el consumo de alcohol y consume alimentos ricos en nutrientes. Lo mismo ocurre con el colesterol y el hierro: los extremos no son beneficiosos, mientras que los niveles moderados parecen favorecer la longevidad. La inflamación se puede reducir con ejercicio, un sueño adecuado, el manejo del estrés y una dieta rica en frutas y verduras.
La clave está en que los pequeños hábitos constantes se acumulan. Una comida un poco mejor, una caminata adicional o una noche de sueño reparador pueden inclinar sutilmente la balanza a tu favor a lo largo de las décadas. La longevidad no se trata de buscar la perfección, sino de permitir que las pequeñas cosas se acumulen.
Más allá de las cifras
Uno de los aspectos más impresionantes de este estudio es el largo período de seguimiento de los participantes. No se trató de una encuesta ni de una instantánea. El estudio recopiló datos durante décadas, demostrando cómo lo que sucede en la mediana edad —niveles de azúcar en sangre, función renal, inflamación— puede influir en los resultados décadas después.
La longevidad rara vez depende de un solo factor. Genes, biomarcadores, hábitos diarios e incluso un poco de suerte se combinan. Nada garantiza que vivirás hasta los 100 años, pero llevar un estilo de vida equilibrado a lo largo de la vida sin duda aumenta las probabilidades.
Incluso el grupo sanguíneo, aunque acapara titulares, es solo una pequeña parte del rompecabezas. Lo más importante es la constancia: hábitos consistentes, una función orgánica estable y el cuidado del cuerpo año tras año.
Una lección humana
En definitiva, no se trata de obsesionarse con los resultados de laboratorio. Los centenarios del estudio sueco no eran perfectos. Presentaban diferencias en la dieta, el estilo de vida y la genética. Lo que los distinguió fueron décadas de salud generalmente equilibrada, los beneficios silenciosos que se acumulan con el tiempo.
“Se trata de vivir bien cada día, permitiendo que los hábitos se desarrollen con el tiempo”, afirma Modig.
Una dieta equilibrada, un buen descanso nocturno, paseos regulares y un poco de manejo del estrés contribuyen a ello.
Nadie puede prometerte que vivirás hasta los 100 años, pero cuidar tu salud, evitar los extremos y mantener hábitos sostenibles marca la diferencia. Las pequeñas decisiones que tomes hoy pueden traerte recompensas inesperadas.