El hormigón celular es un material realmente extraordinario. Es ligero, cálido, liso y, lo más importante, incluso alguien sin mucha experiencia en construcción puede trabajar con él. Precisamente por eso muchos lo eligen para la construcción: la mampostería se realiza rápidamente, requiere poco adhesivo y la cimentación puede ser más sencilla. Pero, como en cualquier proyecto, hay un inconveniente. El hormigón celular no perdona errores: la más mínima infracción del procedimiento provoca grietas en las paredes y el derrumbe de las esquinas.
Cuando empecé a colocar hormigón celular, pensé: “¡Esto es más fácil que el ladrillo!”. Pero después de solo seis meses, tuve que rehacerlo porque los bloques se habían agrietado. Por eso, quiero compartir mi experiencia para que lo hagas bien a la primera.
- Errores al colocar esquinas
El problema más común es el descuido al formar las esquinas. Mucha gente no se da cuenta de que las esquinas son las que sostienen la casa. Cada fila debe conectarse a las paredes adyacentes para distribuir la carga de manera uniforme. Si se sueldan las esquinas a tope sin refuerzo, es casi seguro que aparecerán grietas.
- Falta de refuerzo = falta de resistencia
Aunque el hormigón celular es ligero, no es hormigón armado. Debe reforzarse. Cada 3 o 4 filas, se deben hacer ranuras poco profundas para el refuerzo. En las esquinas, el refuerzo debe doblarse suavemente, sin curvas pronunciadas. Sin refuerzo, la casa se “moverá” debido a la retracción y las fluctuaciones de temperatura.
- Elección incorrecta del refuerzo
La opción óptima es el refuerzo metálico de 8 mm de diámetro. La fibra de vidrio no es adecuada: no soporta la compresión, y el hormigón celular la requiere. No se puede escatimar en este paso.
- Verter pegamento es una mala idea
Un error común: las barras de refuerzo se colocan de forma desordenada y luego se vierte pegamento encima. Como resultado, no encajan correctamente, dejando huecos, lo cual es un desastre. La secuencia correcta consiste en medir las barras de refuerzo, asegurarse de que queden alineadas, retirarlas, aplicar una capa de adhesivo, volver a colocarlas y retirar el sobrante. Esto garantizará que la siguiente fila quede alineada.
- Ranuras sucias
Si las ranuras están polvorientas, las barras de refuerzo no se adherirán al adhesivo. Al cabo de un tiempo, aparecerán grietas. Por lo tanto, antes de verter el hormigón, asegúrese de limpiar las ranuras con un cepillo y humedecerlas ligeramente con agua. Es un detalle pequeño, pero muy importante.
- Errores en las esquinas con barras de refuerzo
No se deben soldar las barras de refuerzo en las esquinas: el metal pierde resistencia al calentarse y el adhesivo no se adherirá. Las barras de refuerzo en las esquinas deben ser continuas, sin juntas. Si se queda sin barras de refuerzo, superpóngalas al menos 60 cm. El exceso de barras de refuerzo “por si acaso” también es perjudicial: puede causar corrosión, filtración de humedad y dañar los bloques.
- Falta de cinturones de hormigón armado
Se requieren al menos dos cinturones de hormigón armado: uno en la parte superior de los muros y otro bajo la placa de apoyo. Estos cinturones unen la estructura, como los cinturones de seguridad en un automóvil. Sin ellos, aparecerán grietas incluso con la más mínima inclinación de la casa.
Si todo se realiza correctamente, el hormigón celular durará décadas y la casa se mantendrá firme como si fuera de hormigón armado. La clave no es apresurarse, sino trabajar con cuidado y atención al detalle. Puede parecer algo insignificante: limpiar la ranura, colocar las varillas de manera uniforme. Pero son precisamente estos pequeños detalles los que determinan la fiabilidad y la durabilidad de una casa.