Las garrapatas son criaturas aparentemente insignificantes, pero tienen la ambición de villanos de película. Se alimentan de sangre, transmiten enfermedades y no distinguen entre perros, humanos ni algún que otro mapache.
El verano pasado, lo aprendí de primera mano gracias a mi perra. En cuanto íbamos al parque, le aparecían garrapatas inesperadas.
Quitar garrapatas no es para cardíacos. Armada con unas pinzas de punta fina y un amigo valiente, me puse manos a la obra.
Encontré unas extrañas bolas negras en mi jardín: cuando me di cuenta de lo que eran, simplemente las quemé.
Una garrapata, dos garrapatas… juro que una me miró desafiante. La regla principal es no entrar en pánico. Sujeta la garrapata lo más cerca posible de la piel, tira hacia arriba, sin sacudidas, y no olvides desinfectar la picadura.
La verdad es que, después de la primera vez, me sentí casi como una profesional. Claro que es mejor consultar con un especialista de inmediato. Pero un día, me esperaba una nueva sorpresa: huevos de garrapata en el jardín. Pequeñas bolitas de color marrón rojizo, agrupadas en racimos.
Encontré estas extrañas bolitas negras en mi jardín: cuando me di cuenta de lo que eran, simplemente las quemé.
Me puse guantes, cogí un frasco de alcohol isopropílico y empecé a deshacerme de ellas. Cada bolita era una posible sanguijuela. Debo admitir que daba un poco de miedo.
Desde entonces, he cambiado mi forma de vivir al aire libre. Mantengo el césped corto, los arbustos bien podados y reviso al perro después de cada paseo.
Los repelentes se han convertido en compañeros inseparables en las caminatas y los picnics. Si te gusta el aire libre, no dejes que estos pequeños parásitos te arruinen el verano.