Saludos a todos los entusiastas de los coches. ¿Debería calentarse el motor en invierno? Esta cuestión se ha debatido durante décadas y probablemente continuará hasta que los vehículos con motor de combustión interna sean cosa del pasado. Algunos conductores insisten en que calentar el motor en invierno es vital, mientras que otros lo consideran una costumbre obsoleta e inútil. En cualquier caso, este es un tema serio y requiere un enfoque equilibrado si realmente se intenta comprenderlo.

Basta con observar los coches calentándose en los patios por la mañana para hacerse una idea: muchos conductores están dispuestos a detenerse entre quince y veinte minutos antes de ponerse en marcha. Para entonces, razonan, el motor debería alcanzar su temperatura de funcionamiento de 26-32 grados Celsius. Algunos podrían considerar justificado este enfoque, pero personalmente, lo considero un desperdicio de combustible y tiempo. Incluso los motores diésel más antiguos rara vez requieren un calentamiento al ralentí tan prolongado, por no hablar de los modernos motores atmosféricos y turboalimentados. De hecho, existe una forma bastante sencilla e intuitiva de determinar cuándo el motor se ha calentado lo suficiente para ponerse en marcha sin arriesgar su vida útil ni comprometer la comodidad.
A este método lo llamo “método del tacómetro” porque es el dispositivo que indica con mayor precisión al conductor cuándo es el momento de arrancar. ¿En qué consiste? Si alguna vez has prestado atención al tacómetro inmediatamente después de un arranque en frío, probablemente te habrás dado cuenta de que las RPM en ese momento son notablemente más altas que el ralentí normal. Por ejemplo, si la aguja ronda las 800-850 RPM con el motor caliente, tras un arranque en frío puede subir hasta las 1300-1500 RPM.

Esto no es casualidad. Durante el calentamiento, la unidad de control electrónico suministra una mezcla rica de combustible a los cilindros. Mientras el motor funciona sin carga, esto no supone un problema. Pero si empieza a conducir mientras el motor aún está “consumiendo combustible en exceso”, sobre todo si lo hace con regularidad, las consecuencias serán nefastas. Se empiezan a formar depósitos de carbón en la cámara de combustión, que con el tiempo se depositan en válvulas, pistones y otros componentes del motor, reduciendo su vida útil.
Por eso no se recomienda empezar a conducir hasta que la aguja del tacómetro baje a la velocidad de ralentí normal. Una vez que las RPM se hayan estabilizado y hayan alcanzado el rango de funcionamiento normal, puede arrancar con seguridad.

Por supuesto, esto no significa que el motor haya alcanzado su temperatura máxima de funcionamiento, pero no es necesario para arrancar. Normalmente, de tres a cinco minutos son suficientes para que la velocidad del motor vuelva a la normalidad. Durante este tiempo, el aceite tiene tiempo de circular por el motor, se vuelve menos viscoso y el motor está completamente preparado para un arranque suave.
Así que, en lugar de quedarse parado por largos periodos, es mejor simplemente vigilar el tacómetro y seguir esta sencilla regla. Así, no desperdiciarás combustible ni tiempo valioso en largos e innecesarios calentamientos. Espera a que las RPM bajen a la normalidad y estarás listo para salir.