Estas son las consecuencias de usar ropa usada…

¿Alguna vez has notado la formación de placas de piel engrosada en los dedos de los pies? Estas placas pueden ser muy dolorosas, pero en general son inofensivas.

El nombre médico para estas manchas es callos y durezas, y suelen ser resultado de zapatos demasiado apretados, demasiado sueltos o de tacón alto. También suelen aparecer al usar zapatos de segunda mano.

Los zapatos usados ​​pueden causar fácilmente problemas en los dedos, ya que se han adaptado al pie de otra persona. Con el tiempo, la forma del zapato se altera y se crean puntos de presión y costuras que no están alineados con los dedos de los pies.

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En consecuencia, esto puede ocasionar nuevos problemas, entre ellos fricción y presión, ya que el zapato roza y los dedos quedan constantemente comprimidos.

En respuesta, la piel se engrosa para protegerse, formando una zona dura y elevada que a menudo parece amarilla debido a una acumulación de células cutáneas muertas (queratina).

Los callos duros generalmente se forman en la parte superior o los costados de los dedos de los pies y pueden tener un núcleo central que resulta doloroso al presionarlo, a menudo descrito como una sensación como si se pisara una pequeña piedra.

Otras posibles causas (menos comunes)

  • Ampollas: La fricción prolongada puede dar lugar inicialmente a ampollas llenas de líquido, que pueden tener un aspecto amarillo si se infectan.
  • Infecciones por hongos: Si se pone zapatos usados, podría estar provocando la aparición de hongos que causan pie de atleta e infecciones en las uñas. Estas infecciones suelen presentarse con picazón, enrojecimiento, descamación de la piel o uñas amarillentas, en lugar de una lesión nodular y firme.

Por qué los zapatos de segunda mano tienen más probabilidades de causar problemas

Los zapatos nuevos pueden ser incómodos al principio, pero los usados ​​añaden aún más preocupaciones. Ya se han adaptado a los pies de otra persona, creando zonas de presión desigual.

La falta de higiene es otro problema porque puede transferir sudor, bacterias u hongos, que pueden causar irritación o infección.

Cómo tratarlo

  • Cambia de calzado: Deja de usar el calzado que te causa el problema. En su lugar, elige un calzado cómodo y bien diseñado con puntera ancha, buen soporte para el arco y mucha amortiguación.
  • Remojar y suavizar: Sumerja los pies en agua tibia con jabón durante 10 a 20 minutos y luego use una piedra pómez o una lima de uñas para suavizarlos suavemente. No corte la piel.
  • Reducir la fricción: Rellene el área con almohadillas para callos, piel de topo o una funda de gel para los dedos.
  • Hidratar: utilizar cremas que contengan urea para suavizar la piel endurecida.
  • Tratamientos sin receta: Existen almohadillas con ácido salicílico que ayudan a eliminar los callos con el tiempo.

Si la zona se vuelve dolorosa, roja, inflamada, supura o no mejora después de un par de semanas, consulte a un podólogo. Este podrá tratarla con seguridad y detectar problemas subyacentes, como juanetes o espolones óseos.

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