Parece que lleva a su hijo de la mano al colegio, pero si miras la foto más de cerca, te darás cuenta de que…

El tiempo es oro, y esta historia es prueba viviente de ello. Los sacrificios que las madres hacen por sus hijos se pasan por alto con demasiada facilidad.

Aunque las mujeres no suelen quejarse de estas dificultades, prefiriendo disfrutar de poder ofrecerles lo mejor a sus hijos, sería bueno al menos pensar un poco en ellas de vez en cuando.

Mientras llevaba a su hijo al colegio, esta mujer tuvo una revelación que quería compartir con todas las demás madres.

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Mientras caminaba con su hijo, la mujer pensó en todo lo que aún tenía que hacer por sus hijos ese día: prepararles la cena, recogerlos del colegio, convencerlos de que se cepillaran los dientes antes de dormir y mucho más.

Su mente ya se había acostumbrado a pensar solo en el bienestar de los niños y en sus necesidades.

Pero al llegar a casa, dejó todas sus tareas a un lado y escribió esta conmovedora carta, con la esperanza de que llegara al mayor número posible de madres y les ayudara a comprender lo que realmente importa en la vida.

El título es sugerente y bien elegido: “la última vez”. Os dejamos leer sus sabias palabras, porque otras serían superfluas. Desde el momento en que cargas a tu bebé por primera vez, nunca volverás a ser la misma persona.
Quizás extrañes esos momentos en los que tenías toda la libertad y todo el tiempo del mundo para hacer lo que quisieras, cuando aún no sabías lo que significaba estar realmente agotada y cuando cada día era diferente.
Ahora, todo ha cambiado.

Cambias los pañales de tu bebé y lo oyes llorar. Las discusiones y las exigencias no cesan, y todo parece un círculo vicioso.
Pero no lo olvides: hay una última vez para todo. Llegará el día en que alimentarás a tu bebé por última vez. Cuando se dormirá en tus brazos por última vez después de un día agotador.

Y la última vez que podrás abrazarlo mientras duerme. La última vez que le lavarás el pelo o le darás la mano en la calle.
Después de eso, nunca te necesitará como antes. Ya no te despertará en mitad de la noche ni te pedirá un abrazo.

Ahora le cantas canciones y juegas juntos, pero eso también pronto… Basta.
Cuando lo lleves al colegio, le das un beso de despedida, pero quizá mañana te pida que no lo hagas más. Le leerás un cuento antes de dormir por última vez y le limpiarás la cara.
Saltará a tus brazos por última vez.

Nunca sabrás que estás haciendo algo por última vez; solo te darás cuenta cuando sea demasiado tarde. Aun así, te llevará un tiempo darte cuenta de lo que está pasando.
Así que, cuando hagas todas estas cosas por tu hijo, disfrútalas, porque no durarán para siempre.
Cuando termine este periodo, verás que darías cualquier cosa solo por vivirlas una vez más.

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