1. Mal aliento
La razón más común es la falta de aliento fresco. Incluso una cena deliciosa puede dejar huella. Así que, antes de un momento romántico, no olvides tener a mano un chicle de menta, enjuague bucal o un cepillo de dientes.
2. Labios secos o agrietados
Besar es contacto y debe ser suave. Si tienes los labios agrietados, partidos o descamados, perderás las ganas de besar. Una solución sencilla es un bálsamo hidratante y un vaso de agua antes de dormir.
3. La “técnica” no coincide
A veces, simplemente se trata de diferentes percepciones del ritmo y el estilo del beso. Demasiada lengua o demasiada presión pueden resultar desagradables. Es mejor preguntar directamente: “¿Cómo se siente?” y escuchar la respuesta.
4. Distancia emocional
Cuando surgen malentendidos, los besos suelen ser los primeros en sufrir. Es el lenguaje de los sentimientos, y si no se expresan los sentimientos heridos, los labios permanecen en silencio. Hablen con franqueza, sin acusaciones: quizás lo que se necesita no sea un beso, sino simplemente una conversación sincera.
5. Estrés y fatiga
A veces no es tu culpa. Cuando alguien está estresado, abrumado o molesto, su deseo de intimidad disminuye. En esos momentos, no deberías exigir pasión, sino ofrecer apoyo y cariño. 6. Ella (o él) tiene miedo a la intimidad.
Para algunas personas, besar es un acto más íntimo que el sexo en sí. Requiere confianza. Si su pareja lo evita, puede que no esté preparada para la apertura emocional.