Si cortas una sandía y se ve así, tírala inmediatamente.
El melón es la fruta de temporada más consumida.
Adorado tanto por niños como por adultos, se recomienda incluso en verano, ya que contiene mucha agua e hidrata el cuerpo.
Por eso es importante conocer algunos aspectos importantes antes de comprar una sandía, sobre todo porque no podemos saber si está perfecta sin cortarla.
Algunos de los factores más importantes se relacionan con la forma, la apariencia y el color de la cola.
En primer lugar, la sandía debe ser pesada. Si al cogerla se encuentra más dura de lo que parecía inicialmente, significa que está en buen estado.
Presta atención a la mancha del melón. Esta mancha indica si la sandía está madura o no. Busca la mancha amarilla en el lado opuesto de la cola.
Si la mancha es verde o blanca, la sandía no está lo suficientemente madura. Además, la cáscara debe estar brillante.
Para asegurarte de que la sandía esté madura, puedes golpearla con los dedos. Si suena vacía, las plumas están listas para comer. Busca también sandías redondas u ovaladas, evitando las asimétricas.
¿Por qué no comer melones partidos por la mitad?
Toda familia procura incluir frutas y verduras saludables en su dieta.
Por eso es importante saber distinguir las que se cultivan de forma natural de las que se cultivan con fertilizantes químicos.
Muchos agricultores intentan acelerar el crecimiento de los melones con aceleradores. Una de las señales de los melones cultivados artificialmente es la grieta en el centro del corazón.
Si la sandía presenta dicha grieta, se utilizan fertilizantes químicos para su crecimiento.
Los beneficios de comer sandía
No solo la sandía, sino también sus semillas, son muy nutritivas. Así que no tires las semillas de sandía, ya que contienen muchos nutrientes. En 150 gramos de semillas secas, encontramos 30,6 gramos de proteína, lo que representa el 61 % del valor diario recomendado.
Así, las proteínas de las semillas contienen aminoácidos esenciales, como el triptófano, el ácido glutámico y la lisina. Además, también encontramos arginina, que regula la presión arterial y alivia el sufrimiento de las arterias pequeñas.
En las semillas de sandía también encontramos niacina, una vitamina del complejo B, esencial para el mantenimiento del sistema nervioso, el sistema digestivo y la elasticidad de la piel. También encontramos vitaminas como la tiamina, la riboflavina, la vitamina B6 y el ácido pantoténico.
Otro beneficio de consumir semillas de sandía es el aporte de minerales como magnesio, fósforo, hierro, potasio, sodio, cobre, manganeso y zinc, que benefician a los músculos y las articulaciones.
El corazón del melón, por su parte, contiene muy poca grasa y colesterol. Gracias a la citrulina (presente especialmente en la cáscara), se favorece la eliminación de amoníaco del hígado.
La citrulina también reduce el estrés oxidativo, dilata los vasos sanguíneos y nos aporta energía extra.
El corazón del melón también contiene vitaminas A, C, D, E, B6 y B12, ácido pantoténico, hierro, calcio, magnesio, potasio, fósforo, zinc y selenio. Las vitaminas, junto con los antioxidantes, ayudan a fortalecer el sistema inmunitario y a prevenir enfermedades cardíacas, inflamación articular e incluso ciertos tipos de cáncer: colorrectal, de próstata, de mama o de cuello uterino.
La sandía es más rica en licopeno que el tomate, siendo un potente antioxidante que reduce el colesterol malo y previene enfermedades cardiovasculares, cataratas y osteoporosis.